domingo, 11 de septiembre de 2011

Día 28: Das Ende des Abenteuers

Antes de nada, quiero dedicar este último post a aquellos que dijeron: "Bah, seguro que al final haces un blog los primeros cuatro días y luego pasas", o alguna gilipollez similar porque está visto que hablar sin tener ni puta idea es gratis. A todos vosotros, os dedico esto desde lo más profundo de mi corazón:

¡Lecken sie meinen Arsch! (mirad la traducción en google si eso)


 Venga, ahora si que empezamos. Amanece con una pequeña llovizna mi última mañana en Berlín. Acabo de desayunar los restos que me quedan, adencento un poco la habitación y, con unos maletones como mi cabeza de grandes, me dirijo rumbo al aeropuerto. Bueno, me he despedido del viejo sonámbulo este, al menos ahora ya podré dormir tranquilo y sin tener que atrancar la puerta.

Llevar equipaje es de por si un coñazo, cuanto más en Berlín, que todo el suelo es como de un empedrao irregular de antes de la guerra que hace que las ruedecitas de la maleta se te vayan por donde les da la gana. El carril bici es más llano, pero allá tu, ahí te juegas la vida. Por la calle, en un parquecillo, algo ha rebatido mi teoría de que los alemanes no tienen sentimientos. Rodeado de crios y padres felices, había un señor disfrazado de monstruo peludo, enorme y adorable jugando con ellos. Seguramente forme parte de la campaña electoral en la que está ahora Berlín pero yo, si no fuese porque tengo ya los huevos negros, también hubiese ido a jugar con el monstruo.

Luego ya he llegao, no sin esfuerzo, al aeropuerto. Los aeropuertos están bien. Son como un zoo de humanos de todo el mundo donde ves espécimenes como señores bajitos, trajeados, con ojos rasgados y manejando todo tipo de instrumental de alta tecnología con inusitada destreza y dices con admiración: "Mira estos chinos, les ponen un cacharrete en las manos y hacen de todo" aún sabiendo que son japoneses. Ves a los fantasmitas del Pac-man tirando de carros de bebés y montones de maletas al lado de señores con bigote y muy marroncitos que se están tocando los cojones y piensas: "Si esto es vida, que baje Alá y lo vea" y ves a hordas de críos gritando y berreando, azuzados por sus padres y tu fuero interno solo atina a decir: "¡Arriba España!.

Encontrar de dónde sale tu vuelo es un periplo ya de por si. Este es uno de esos momentos en que uno se caga en su propia estampa por no haber capturado a un Pidgey al principio de la aventura al que ahora enseñarle la MO02 Vuelo. Pero bueno, tampoco fue tan complicado al final. De entremedia me estaba orinando, así por decirlo finamente, así que decidí ir a cambiar el agua al canario. Si, ahora mismo estarás diciendo: "¿Y eso a mi que narices me importa?" pero hay algo que tengo que comentar sobre la cultura alemana que se me ha ido olvidando todos estos días y es ahora o nunca. Los váteres, los uveceses... En Alemania la taza no tiene la forma cóncava clásica a la que estamos acostumbrados, no, allí (Ahora cuando digo allí me refiero a Alemania, que ya estoy en España) son como más planos, creando así un descansillo en el que se acumula tu producto durante unos segundos antes de irse para no volver jamás. Es una asquerosidad muy grande, aunque por otro lado tiene su utilidad: puedes mirar el color de lo que estás haciendo y, si está clarito, todo bien ¿que no transparenta mucho? Al urólogo. Claro que yo a decir verdad prefiero morir de una infección a que las rudas manos de un alemán me toquen el pito.

Si vives en Alemania, este podría ser tu urólogo.

Luego ya en el vuelo me temí lo peor, el sitio que me tocó era una mierda, y eso que iba en la ventanilla. Estaba rodeado de críos, críos de teta, de los que lloran, dan patadas, se mueven y, para colmo de males, todos los presentes menos tu van a reirles las gracias durante todo el viaje. Yo si pudiese abriría la ventanilla y los arrojaría sugiriendo a sus padres que hagan otro cuando lleguen a su destino. Bueno, estoy exagerando, los críos de teta no se portaron tan mal. El verdero terror vino a manos de las hijas de una señora gorda, pero no gorda normal, no, gorda de estas que dar vueltas a su alrededor con el coche se considera Gran Premio. Las putas crías, también rellenitas ehh, que las veías juntas y parecían dos profiteroles, no pararon de dar pataditas a mi asiento to el vuelo y encima, cuando me giro a decirle a su madre que las controle un poco, ésta va y me dice entre risas: "jeje, si es que nos niñas" Niñas? Y una mierda! Heidi y Clara son niñas, tus hijas son dos tumores extirpaos del ojete del mismísimo Satanás, puta!

Cuando ya el vuelo aterrizó sentí un gran alivio y ya fui a buscar la maleta a la ruleta esa de la fortuna que va sacando equipajes y a la que yo, a mis 21 añitos, todavía siento tentaciones se subirme. Yo lo que pienso es que eso debería estar más vigilado, porque ahí puedes llevarte tu maleta, o la de otro. Porque aquí el que no corre, vuela. Yo si veo una maleta más grande que la que llevaba yo, cojo esa. Ya al salir de la ruleta de la fortuna estaban mis padres ahí esperándome pa llevarme a casa, que yo no se ir. Mi madre, lo primero que me dijo al verme fue: "Niño, tu habotacion está tal cual la dejaste... echa una mierda". Gracias, mama, yo también te quiero.


Y aquí llega el final de mis aventuras. Gracias a todos los que las habéis estado leyendo y ya pa acabar con esto me despido.

1 comentario:

  1. Estaban tus padres esperándote pa qué??? Que has dejado la frase a medias, jodío xD

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