jueves, 1 de septiembre de 2011

Día 18: Vida salvaje

Otra mañana más me he levantado y he desayunado. Esta vez solo melindros. Así a palo seco, sin un triste colacao nada en que sucarlos. Un poco pobre, lo se, pero pa lo que me queda en el convento, ya no voy ni a hacer la compra. La clase ha sido especialemente entretenida puesto que la profesora, haciendo alarde del clásico humor alemán, se ha puesto a hacer bromas sobre las torres gemelas y la dictadura franquista. Nada mejor que un poquito de humor negro para empezar el día.

¿Que hay de malo en revivir espisodios negros de la historia para alegría y jolgorio de los presentes?
Para comer me hice unas salchichas de estas alemanas que estaban mas malas que la madre que las parió. La verdad es que no se que narices lleva eso dentro. Tengo ganas de llegar ya a casa y poder comer una butifarra como Dios manda, de las de verdad, no de las de masa uniforme. Y cuando digo butifarra quiero decir BUTIFARRA, no polla, antes de que a algún iluminao le de por pensar lascivamente y sin originalidad ninguna. No obstante aquí la gente normalmente no tiene sentimientos, por eso pueden comer salchichas sin que nadie haga bromitas al respecto.

Por la tarde vi una especie de exposición callejera hecha de osos de fibra de carbono. Había uno por cada país del mundo y alguno más de países que se habrán inventao porque en la vida había oido hablar de ellos. Yo ya me temía que el español (Porque no nos engañemos, uno sale al extranjero y lo primero que quiere ver es lo perteneciente o relativo a su tierra) fuese con un traje de luces y un capote, pero no. Está pintado en plan obra de Gaudí que, al verlo, casi que hubiese preferido al oso torero, porque la verdad es que yo no que a que viene tanto bombo con el Gaudí este cuando lo único que ha hecho es: Un castillo de arena gigantesco, una casa con las paredes dobladas y meter azulejos en un saco, golpear repetidas veces contra una pared y luego hacer dibujitos con el resultado. Aquí el que no es célebre es porque no quiere.

Yo pensaba que iba a ver algo así cuando me dijeron que íbamos a ver osos
Algo digno de ver es el centro comercial más importante de Berlín, como Harrods pero aquí. Eso es una especie de universo paralelo en el que nunca hay crisis económica ni nada parecido. La camiseta más barata de ahí vale unos 100 euros. De hecho, lo que más se ve ahí es gente que va a curiosear sin la más mínima intención de soltar un duro y es que a la gente le gusta escandalizarse con los precios. Más gusto que encontrar una camiseta que te gusta, mirar el precio, y que valga solo 5 euros da encontrar esa misma camiseta, que cueste 125 y decir: "Pero no les dará vergüenza a esta gentuza pedirte esto por un cacho de trapo?"

De nuevo, a reveure!

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